No leí libros cuando era niño, a excepción de los textos escolares que eran los únicos que me compraban mis padres. "Nos comunicamos en 4º" y "Talento de 5º" son algunos títulos que recuerdo. En la adolescencia, en cambio, sí leí muchas obras, casi todas, aleccionadoras como las de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, mi autor preferido durante esa etapa de mi vida. La lectura de sus novelas, Un grito desesperado (1992), Juventud en éxtasis (1993), Volar sobre el Pantano (1995), La fuerza de Sheccid (1996) y Dirigentes del mundo futuro (1999), la intercalaba con la lectura de las leyendas de la biblia, una maravillosa obra literaria.Un día fui a la presentación del libro Triqui Trueque, cajita de ensueño de Samarys Polo, una escritora nacida en Ciénaga, Magdalena. Era la primera vez que estaba frente a una escritora de verdad y, además, la podía escuchar. Su voz era un sol que llenaba todo con su luz y su calor. A partir de allí, comencé a leer dos tipos de literatura: la literatura infantil y la literatura local, que tambíén es universal... Jairo Anibal Niño, Celso Román, Triunfo Arciniegas, Irene Vasco, Yolanda Reyes y, por supuesto, Samarys Polo, fueron los hacedores de literatura infantil a quienes me acerqué para subsanar las lecturas fantásticas que me hicieron falta en la infancia. En cuanto a los escritores de la literatura local, puedo decir que la lista cada día que pasa se hecho más larga.
Guillermo Henrriquez, Elías Eslait Russo y Clintón Ramirez son unos cuantos de los escritores que leí por ser del municipio de Ciénaga. Después, de conocer el trabajo literario de los cienagueros, pase a leer a los autores del departamento del Magdalena y sus alredededores, entre ellos: Martiniano Acosta, Ramón Illán Bacca y, por último, el más representativo de todos, Gabriel García Márquez, puesto que, mi método de lectura consistió siempre en ir de menor a mayor. Así que por ser Gabriel García Márquez, el literato más grande que ha visto nacer nuestra tierra, sus libros merecen para mí un párrafo aparte.
Las novelas, La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba(1961), La mala hora(1962) y Cien años de soledad (1967), mantendrían mis ojos ocupados en aquellos años... Entre otras cosas porque mi niñez trascurrió en Macondo, nombre que tiene el pueblo que aparece en las obras de García Márquez, de modo que a mi me interesaba ver el parecido de ambos pueblos, el real y el imaginario. Al final resultaron siendo muy parecidos, por que en el pueblo donde me criaron mis abuelos había un comisariato de la United Fruit Company, la compañía estadounidense que en 1928 estuvo detrás de la masacre de las bananeras de la cual habla Gabriel García Márquez en su obra. Pero, esa es otra historia.
Foto de lector tomada de http://www.agendasamaria.org/wp/?p=7572