Samarys Polo y Luis Rafael Gutiérrez, promotores de lectura
Daniel Pennac, escritor francés nacido en Marruecos en el año de 1944, en su ensayo titulado "Comme un roman", que traducido al español es, Como una novela, nos habló de los derechos del lector, lo cual transformó la posición rígida que en el pasado algunos teníamos al respecto. Pero, como ahora el lector más aventajado de esta época ha sido capaz de convertirse en promotor de lectura para compartir con otros su experiencia, consideré necesario redactar los siguientes derechos del promotor de lectura:
El derecho a promover uno o más libros en cualquier espacio público o privado, siempre y cuando tenga el permiso para ello.
El derecho a promocionar a cualquier autor sin importar su nacionalidad, sexo, raza, religión, credo o ideología política.
El derecho a inventar, adaptar o replicar una o más estrategias de promoción y/o animación de lectura.
El derecho a seleccionar el libro o la lectura que desea compartir, comentar y discutir.
El derecho a usar medios masivos o alternativos de comunicación para difundir cualquier libro sin importar su forma o contenido.
El derecho a criticar los materiales de lectura que promueve.
El derecho a compartir con otros sus experiencias como lector y promotor de lectura en diversos espacios, tanto físicos como virtuales.
El derecho a recibir el reconocimiento y la remuneración económica por su labor social o comercial en el ámbito de la promoción de la lectura.
El derecho a realizar una sección de promoción de lectura sin tener que usar un libro u otro material de lectura.
Corría el año 2006 en el municipio de Ciénaga, Magdalena. La Biblioteca Pública Pedro Bonnet Camargo ocupaba un pequeño espacio dentro de la Biblioteca Gregorio Catañeda Aragon del Instituto Nacional de Formación Técnica Profesional, INFOTEP. Yo iba a leer allí libros de aventura tales como La odisea de Homero, Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson, Robinson Crusoe de Daniel Defoe, entre otros.
Un día Yaneth, la bibliotecaria que siempre me atendía, me comunicó que la Biblioteca Pública Pedro Bonnet Camargo a partir de ese momento tendría su propio espacio en el segundo piso del Edificio de Telecom. Los libros ya estaban metidos en varias cajas, pero ella no había conseguido quien la auxiliara con la mudanza, por lo cual le ofrecí mi ayuda. Al principio la nueva sede de la Biblioteca Pública estaba desordenada y vacía. Entoces dijo Margarita Bonnet, la nueva coordinadora de la biblioteca, haya luz y hubo luz...
Poco a poco fuimos organizando todo a su modo y acomodo. De esa manera los anaqueles se fueron convirtiendo en los nidos de los libros. Recuerdo que a la señora Gladis le tocó el trabajo más sucio: sacudir los estantes y trapear los pisos. Sin su trabajo el de nosotros, que era organizar los libros, hubiera sido un estornudo tras otro. Cuando todo estuvo limpio y en orden llegó Armando, el vigilante, quien custodiaría como un ángel aquel paraíso de libros.
El 5 de noviembre de ese mismo año, si mal no recuerdo, se inauguró la nueva sede de la biblioteca. Al evento asistieron personalidades como la vice ministra de cultura, el alcalde de Ciénaga, al secretario de cultura, la coordinadora de la biblioteca, escritores y lectores del municipio y sus alrededores. Yo estuve colaborando con la logística, como quien dice, detrás de cámaras en esa gran fiesta del libro y la palabra.
A los pocos días Yaneth fue trasladada a la biblioteca escolar de la Institución Educativa La María y como no había quien atendiera la Biblioteca Pública Pedro Bonnet Camargo, Margarita Bonnet me pidió que fuera el bibliotecario pro tempore y trajera nuevos lectores. Yo acepté y trabajé con entusiasmo, a pesar de que nunca me pagaron mis honorarios... Fue así como pasé de lector de libros de aventura a promotor de lectura.
No leí libros cuando era niño, a excepción de los textos escolares que eran los únicos que me compraban mis padres. "Nos comunicamos en 4º" y "Talento de 5º" son algunos títulos que recuerdo. En la adolescencia, en cambio, sí leí muchas obras, casi todas, aleccionadoras como las de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, mi autor preferido durante esa etapa de mi vida. La lectura se sus novelas, Un grito desesperado (1992), Juventud en éxtasis (1993), Volar sobre el Pantano (1995), La fuerza de Sheccid (1996) y Dirigentes del mundo futuro (1999), la intercalaba con la lectura de las leyendas de la biblia, una maravillosa obra literaria.
Un día fui a la presentación del libro Triqui Trueque, cajita de ensueño de Samarys Polo, una escritora nacida en Ciénaga, Magdalena. Era la primera vez que estaba frente a una escritora de verdad y, además, la podía escuchar. Su voz era un sol que llenaba todo con su luz y su calor. A partir de allí, comencé a leer dos tipos de literatura: la literatura infantil y la literatura local, que tambíén es universal... Jairo Anibal Niño, Celso Román, Triunfo Arciniegas, Irene Vasco, Yolanda Reyes y, por supuesto, Samarys Polo, fueron los hacedores de literatura infantil a quienes me acerqué para subsanar las lecturas fantásticas que me hicieron falta en la infancia. En cuanto a los escritores de la literatura local, puedo decir que la lista cada día que pasa se hecho más larga.
Guillermo Henrriquez, Elías Eslait Russo y Clintón Ramirez son unos cuantos de los escritores que leí por ser del municipio de Ciénaga. Después, de conocer el trabajo literario de los cienagueros, pase a leer a los autores del departamento del Magdalena y sus alredededores, entre ellos: Martiniano Acosta, Ramón Illán Bacca y, por último, el más representativo de todos, Gabriel García Márquez, puesto que, mi método de lectura consistió siempre en ir de menor a mayor. Así que por ser Gabriel García Márquez, el literato más grande que ha visto nacer nuestra tierra, sus libros merecen para mí un párrafo aparte.
Las novelas, La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba(1961), La mala hora(1962) y Cien años de soledad (1967), mantendrían mis ojos ocupados en aquellos años... Entre otras cosas porque mi niñez trascurrió en Macondo, nombre que tiene el pueblo que aparece en las obras de García Márquez, de modo que a mi me interesaba ver el parecido de ambos pueblos, el real y el imaginario. Al final resultaron siendo muy parecidos, por que en el pueblo donde me criaron mis abuelos había un comisariato de la United Fruit Company, la compañía estadounidense que en 1928 estuvo detrás de la masacre de las bananeras de la cual habla Gabriel García Márquez en su obra. Pero, esa es otra historia. Foto de lector tomada de http://www.agendasamaria.org/wp/?p=7572
The reader (el lector), el filme basado en la novela de Bernard Shlikn, lo vi por primera vez en el Centro Comercial Buenavista de Barranquilla, ciudad donde viví una temporada con ganas de escribir una novela que termino siendo un poemario, como el nombre del Festival Internacional de Poesía en el cual, unos años antes, estuve leyendo. En ese evento por cierto conocí al escritor Jhon Jairo Junieles, quien en su taller de escritura creativa dijo que el género literario era lo de menos, lo importante era, según él, escribir lo que se estaba viviendo o pensado. Creo que aún estoy de acuerdo con eso. Por ello, al terminar de verme el filme, anoté mis impresiones sin importar que estas tomaran forma de reseña, crónica o comentario.
Cuando hice semejante ejercicio olvidé leerme el libro. Resultado: muchos aspectos interesantes quedaron a un lado. Por ejemplo: las estrategias de animación a la lectura, tales como lectura en voz alta, lectura dramatizada, narración oral y audio libro, que fueron implementadas dentro del libro y la película, aunque en esta se perciben de una manera más rápida y ligera. La lectura del libro, en cambio, me permitió hacer unas pausas para la compresión y apropiación del contenido. Sin embargo, el director de la película Stephen Daldry también hizo una excelente relectura. De modo que, se puede decir que del dicho (el libro) al hecho (el filme) no hay mucho trecho.
El filme transcurre en tres episodios al igual que el libro , donde se cuenta la historia de amor que viven Michael Berg (David Kross y Ralph Fiennes) y Hanna Schmitz ( Kate Winslet):en el primero, que acontece en 1958, él, un quinceañero que se ha enfermado recibe de ella, una conductora de tranvía de 36 años, los cuidados y las caricias de mujer ardiente a cambio de diversas lecturas en voz alta; en el segundo episodio, que sucede en 1963, él, que ahora es un estudiante de derecho, presencia el juicio de ella por los crímenes de la Segunda Guerra Mundial, en el cual por temor a que se sepa de que no sabe leer ni escribir prefiere aceptar todos los cargos en su contra; y, en el último episodio, que se da hasta 1984, él, convertido en un señor cuarentón, frustrado por no poder ayudar a la mujer con quién tuvo relaciones sexuales por primera vez, hace todo lo posible por su reivindicación.
La anterior sinopsis es una síntesis que hice de un artículo que escribió Ricardo Silva Romero en la revista Semana sobre El lector, puesto que me pareció bastante amplio en su descripción, tanto del libro como de la película, la cual constituye no una, sino varias estrategias de promoción de lectura. Por tal motivo, invito a docentes, bibliotecarios, periodistas literarios, promotores de lectura y demás interesados en la promoción y animación de la lectura, a leer y promover el libro y la película que llevan por título: The reader (el lector).