
El libro es un refugio. Allí el hombre encuentra las bases que le permiten afincarse en la vida de manera estable y el valor necesario para superar sus miedos. Ese refugio lo espera siempre desde los más apartados libreros para ser leído y comprendido. En su interior está el universo, la humanidad y uno mismo. Penetrar sus páginas significa acercarse a lo desconocido.
La lectura viene a ser la llave que abre la puerta de dicho refugio. Gracias a ella enriquecemos nuestro vocabulario y ampliamos nuestra visión del mundo. Cada palabra resucita cuando es leída; es por ello que, la lectura contribuye a que no muera el idioma que nos une. Ésta rescata el pasado, nos pone al corriente con nuestro presente y nos prepara para enfrentar los desafíos que traerá consigo el futuro.
Leer nos ayuda a crecer y nos da el poder cognoscitivo con el cual es posible defendernos en un planeta cada vez más globalizado y competitivo. Quien lee puede comunicarse mejor y atraer mayores oportunidades a su favor; de ahí que, el acto de leer se constituye en una gran paso, por no decir salto, para alcanzar el triunfo y el desarrollo del talento humano.
Refugiarse en libro nos aleja del alcohol y las drogas, ya que se vuelve nuestro único vicio, pero es un vicio sano que nos hace sabios. Leyendo no hacemos útiles para la sociedad al poseer y compartir las respuestas de múltiples preguntas. Aunque a veces es necesario cerrar el libro, echar un vistazo a la realidad y comparar; de tal modo que, pueda ser un lector integral.
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